¿Te acuerdas de marzo de 2020?
Seguramente sí. De un día para otro el mensaje en todos lados era "quédate en casa" (¿te acuerdas de Susana Distancia?). Yo en ese momento hasta escribí un post sobre distanciamiento social y autoaislamiento, con modelos de juguete para entender por qué quedarnos en casa ayudaba a frenar el virus. Pero había algo que desde entonces me hacía mucho ruido, y es que no todos nos podíamos quedar en casa. Mucha gente vive al día, trabaja en la informalidad o en trabajos que no se pueden hacer desde una computadora, y si no sale a trabajar simplemente no come.
Esa intuición la pudimos medir años después. Usamos datos anónimos de ubicación de 281 millones de celulares en seis países de ingreso medio (Brasil, Colombia, Indonesia, México, Filipinas y Sudáfrica) durante todo 2020. Con estos datos podemos saber dónde vive cada usuario, dónde trabaja y cómo cambió su movilidad con la pandemia. Luego lo cruzamos con un índice de riqueza construido con datos de los censos de cada país, para comparar a la gente que vive en las colonias más ricas de cada ciudad (donde vive el 20% de la población) con la que vive en las colonias de menos recursos (donde vive el 40% de la población). A continuación te cuento lo que encontramos y, como siempre, el trabajo completo lo puedes encontrar al final de este texto.
Quedarse en casa fue un privilegio
Lo primero que vimos fue quién se quedó en casa todo el día. Comparado con antes de la pandemia, el porcentaje de gente que no salió de su casa en todo el día creció 252% en las colonias ricas, pero solo 141% en las colonias de menos recursos. Eso es una diferencia de 111 puntos porcentuales, y se ve en los seis países, desde 36 puntos en Filipinas hasta 175 en Sudáfrica. Buena parte de esta diferencia viene del trabajo, porque el tiempo que la gente pasaba en su lugar de trabajo bajó 40% en las colonias ricas y solo 29% en las de menos recursos. O sea, la posibilidad de trabajar desde casa parece ser una de las cosas que más pesaron.
Y ojo, conforme pasaron los meses la movilidad de todos empezó a regresar poco a poco a la normalidad, pero la brecha entre ricos y pobres nunca se cerró durante todo 2020.
Irse de la ciudad
Algo que también pasó fue que mucha gente se fue de las ciudades a zonas rurales. En los primeros tres meses de la pandemia, la gente de las colonias ricas se fue al campo en una proporción 49 puntos porcentuales mayor que la gente de las colonias de menos recursos. La brecha más grande fue en Sudáfrica, con 80 puntos, y la más chica en Filipinas, con 27. Esto se parece mucho a lo que se vio en países ricos como Estados Unidos, donde la gente con más recursos también salió huyendo de las ciudades.
¿Quién dejó de ir a trabajar?
Esta parte me parece la más importante. La gente de las colonias ricas dejó de ir a trabajar en una proporción 30 puntos porcentuales mayor que la gente de las colonias de menos recursos, y el país con la brecha más grande fue México, con 43 puntos. Pero lo más interesante salió cuando nos fijamos solo en la gente que vive en colonias de menos recursos y la separamos según dónde trabajaba antes de la pandemia. Los que trabajaban en colonias ricas dejaron de ir a trabajar 37 puntos porcentuales más que los que trabajaban en colonias de menos recursos.
¿Por qué pasa esto? Una explicación posible es que cuando la gente de las colonias ricas se quedó en casa o se fue de la ciudad, dejó de ir a los restaurantes, las tiendas y los servicios de su zona, y quienes trabajaban ahí se quedaron sin trabajo. Y como la gente de colonias de menos recursos casi no puede trabajar desde casa, que deje de ir a trabajar es muy buena señal de que perdió su ingreso, aunque con nuestros datos no lo podemos saber con certeza.
Cuando cerraron el transporte público
También quisimos ver cómo se relacionaron las medidas de los gobiernos con estos cambios. La mayoría de las medidas se aplicaron en todo el país al mismo tiempo, sin fijarse en quién vivía dónde. Encontramos que el cierre del transporte público fue de la mano con que más gente dejara de ir a trabajar, pero solo en el caso de la gente de colonias de menos recursos que trabajaba en colonias ricas. Para quienes trabajaban cerca de su casa no encontramos ese efecto. Esto tiene mucho sentido si vemos que justo la gente que vive en colonias de menos recursos y trabaja en colonias ricas es la que hace los viajes más largos, y muchas veces depende del transporte público para llegar.
Algo que hay que tener en cuenta es que a cada persona le asignamos la riqueza promedio de su colonia, y no su riqueza real. Además, estos datos tienen muchos más usuarios de colonias ricas que de colonias pobres (la gente de colonias ricas es alrededor del 45% de los usuarios, aunque solo es el 20% de la población), así que tuvimos que corregir por eso al armar los grupos.
¿Y esto para qué sirve?
Para mí la lección más importante es que las medidas que se aplican igual para todos no le pegan igual a todos. Cerrar el transporte o pedirle a la gente que se quede en casa tiene todo el sentido del mundo para frenar una epidemia, pero si no pensamos en quién puede cumplir esas medidas y quién no, terminamos cargándole el costo a la gente con menos recursos. Lo bueno es que los datos de celulares nos pueden ayudar a identificar muy rápido a los grupos y a las zonas más vulnerables, justo cuando no hay tiempo de levantar encuestas, y así diseñar apoyos dirigidos a esas zonas. Ojalá que para la próxima emergencia ya tengamos esto en mente desde el principio.
Artículo: Lucchini, L., Langle-Chimal, O. D., Candeago, L., Melito, L., Chunet, A., Montfort, A., Lepri, B., Lozano-Gracia, N. y Fraiberger, S. P. (2025). "Socioeconomic disparities in mobility behavior during the COVID-19 pandemic in developing countries." EPJ Data Science, 14, 25.